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viernes, 7 de noviembre de 2014

Entre tus páginas.

Yo, siendo el más asiduo lector, quiero leerte como a una de mis viejas novelas.

Recorrer con las yemas de mis dedos tu portada, sintiendo el relieve de tu nombre como si de un ciego leyendo braille se tratase; abrirte e inspirar tu dulce, único y característico olor.

Quiero releerte una y otra vez todos los días de mi vida, para resolver todos los secretos que guardas entre líneas. Quedarme dormido junto a ti, soñando con cada una de las historias que tienes reservadas para mi.

Quiero recorrer lentamente todas tus páginas, saboreando cada palabra tuya, desentrañando el algoritmo de tu poesía mientras afuera no para de llover. Quedarme contigo en nuestro pequeño fuerte de sábanas, escuchando la banda sonora que nos dedica la tormenta.

martes, 23 de septiembre de 2014

Cuando la magia se va.



Es triste darse cuenta, de repente, de que la magia empieza a desaparecer con el paso de los años. Y precisamente, el desvanecimiento de esa magia, es el detonante de nuestra infelicidad y de todos los problemas que aparecen en nuestra vida. 

Cuando la magia se va, cambiamos nuestras preocupaciones. Antes el máximo enfado que aparecía era por causas pequeñas. Alguien no nos prestaba atención, no nos dejaban sus juguetes...ahora nos pueden hacer daño, atacan directamente a nuestro interior, y nos pueden cambiar para siempre. Ya no nos preocupa que capítulo de nuestra serie de dibujos pondrán hoy por la televisión, nos preocupan las facturas sin pagar, las horas en el trabajo, poder comer, las enfermedades. Al perder esa magia, perdemos la ilusión hasta por las cosas más pequeñas, ya no nos impresiona ver que una moneda desaparezca, o que otras cosas aparezcan de la nada, todo tiene una explicación, y nos invade la indiferencia. Indiferencia que hace que todo nos parezca igual, mundano, sabiendo que el superhéroe que vuela es porque le han colocado una tela verde por detrás. 

Las risas se empiezan a contar con cuentagotas y pasarlo bien empieza a ser algo secundario.

Tenemos que empezar a tomar decisiones, las cuales ya no se tratan de elegir un color u otro, sino caminos que sabemos que afectarán completamente a nuestra vida, perdiendo lo que nos depara el otro.

Cuando la magia se va, ya no hay sitio para juguetes, los días vuelan, y nos damos cuenta de lo frágil y fugaz que es la vida cuando empezamos a perder a la gente de nuestro alrededor.

domingo, 3 de agosto de 2014

Brilla

Dicen que en el instante que dejamos este mundo, toda nuestra vida pasa por delante de nuestros ojos. A Ella le surgió una pregunta mientras se producía este bombardeo de recuerdos, "¿por qué?"

Recordó su primer día de colegio. Recordó los nervios ante los primeros exámenes. Recordó también su primer beso. Recordó su primer amor, y la primera cicatriz de su corazón. Recordó los siguientes. Recordó despertarse con el olor del desayuno. Recordó el tacto del césped en sus pies. Lo recordó a Él.

Recordó sus ojos, su deseo de tenerlo entre sus manos. Recordó la primera vez que sus labios se tocaron. Recordó la noche con los ojos vendados para celebrar que al fin vivían juntos. Recordó las mariposas. Recordó los gritos, los nervios. Recordó las ganas de huir. Recordó lo mucho que lo echaba de menos. Recordó cómo se acercaron para pedirse perdón. Pero no recordó el abrazo. No llegaron a tocarse...y recordó el por qué.

Recordó los conflictos. Recordó las malas noticias en el periódico. Recordó el odio, las amenazas. Recordó el miedo. Recordó el sonido de los disparos. Recordó las alarmas. Recordó el estallido que derrumbó su casa y evitó ese último abrazo.  

"¿Por qué? ¿Por qué he de morir? ¿Qué tengo que ver en esta guerra? ¿Qué les hice yo a esas personas que ni siquiera conozco? ¿Qué sentido tiene morir por una causa que no me concierne? ¿Por qué deciden sobre mi vida? ¿Y mis sueños, qué pasa con ellos? Tener hijos, cuidarlos, viajar, pasar el resto de mis días con las personas que amo y quiero, discutir, reír...vivir. Quiero vivir. ¿Por qué?"


Esa noche, una nueva estrella comenzó a brillar en el firmamento.

viernes, 2 de mayo de 2014

Desvanecerse

Cada mañana en la que abro mis ojos, te desvaneces un poco más.
No me acostumbro a preparar un solo café por las mañanas, siempre me equivoco y coloco dos tazas sobre la mesa. No me acostumbro a que mi mano derecha esté siempre fría cuando camino por la calle, sin que nadie me la agarre. A veces, en algunas ocasiones, me parece escuchar tu respiración cuando voy a caer en los brazos de Morfeo, pero, al levantarme de golpe de la cama para buscarte, solo me encuentro con la compañía de la soledad.

Los medios corazones se han convertido en interrogaciones.

Preguntas que no paran de bombardear mi mente. ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué tuvo que ser todo tan de pronto, tan repentino? No encuentro techo donde resguardarme de este aguacero que cae desde que ya no estás. Que yo también me he planteado unirme a ti en tu desvanecimiento, pero no puedo.

Echo de menos hasta la forma en la que removías el té de las 7 de la tarde.

Tendré que acostumbrarme a tu ausencia hasta que dentro de días, meses o quizás años me visite aquella persona de manos frías para llevarme lejos de aquí, muy lejos, y desvanecerme, al fin,  contigo.

viernes, 4 de abril de 2014

Lentitud (o cómo disfrutar del tiempo)


Vivimos en un mundo que ha olvidado disfrutar del tiempo, de la lentitud de las cosas. Nos enfadamos por no recibir una respuesta a nuestros móviles en segundos o minutos, no hemos terminado de adaptarnos a algo y ya han sacado 3 versiones del mismo por encima. Comemos pendientes del reloj, engullendo, sin llegar siquiera a saborear el plato. Corremos hacia la parada del autobús, para llegar con el tiempo justo al trabajo, escuela, instituto o universidad. Se nos ha olvidado disfrutar del tiempo.

Dedicamos el tiempo en lo que no es importante, y consideramos una pérdida de tiempo lo que lo es. El niño que quiere hablar con el padre, de ningún tema en particular, simplemente compartir sus ilusiones con su mayor héroe: "no tengo tiempo". El que busca compañía para perderse entre las calles : "no tengo tiempo". La chica que quiere subir al atardecer a lo más alto de la montaña y ver, lentamente, cómo el sol se pierde en el horizonte : "no tengo tiempo". Los abuelos (que son conscientes del poco tiempo) que buscan compañía de sus familiares : "no tengo tiempo". Sin embargo, sí tenemos tiempo para invertirlo en mirar una caja que nos dice cómo vivir, qué hacer y cómo ser. Si tenemos tiempo para quejarnos, para navegar por páginas que no nos aportan nada. Si tenemos tiempo para envenenar nuestro cuerpo con refrescos mezclados con hielo y algo más, o para gritar a una persona que solo hace su trabajo levantando una tarjeta amarilla o roja.

Los árboles no crecen en segundo. Un niño no aprende en minutos, ni una ciudad se levanta en horas.

Te propongo algo. Levántate más temprano. Dedícate 10 minutos para tener la mente en blanco. Después ve a la cocina, prepárate un desayuno caliente. Inspira el aroma del café, y saborea cada sorbo. Usa tus piernas para desplazarte. Mira los escaparates, pero sin pararte, los rostros de la gente, siente la brisa de primavera, otoño o invierno. Escucha la ciudad, a través de cascos o a oído. Deja sonar el teléfono. Disfruta de cada segundo, de cada minuto de tu vida. No tomes decisiones dejándote llevar, a la ligera. Antes de tomar un camino u otro en tu vida, respira profundamente 3 veces.

A veces tomarte esos segundos para respirar, puede cambiarlo todo.

martes, 22 de octubre de 2013

Celsius

Tus labios empujan a los míos a través del oscuro pasillo, conduciéndome exactamente al lugar al que quieres que estemos. Al estar más cerca de tu cama aumentas la intensidad de los besos, me regalas algún que otro mordisco y tus manos se aferran a mi espalda. Las yemas de mis dedos juegan a esconderse por debajo de tu camiseta y acariciar tu suave piel, lo cual provoca que tu respiración se acelere al ir subiendo desde la cadera hacia tus costillas. Sorprendiéndome, me empujas y me tiras sobre tu colchón, cayendo encima mía como la mejor de las noticias (inesperadamente). El bombardeo de besos no acaba, y cada vez hace más calor entre esas cuatro paredes. 

La ropa nos sobra, nos estorba. Nos deshacemos de ella. Te abrazo y nuestras bocas, acompañadas de las lenguas, vuelven a encontrarse. Puedo sentir el ritmo frenético de tu corazón al juntarse tu pecho contra mi pecho, y tu respiración empieza a ser entrecortada. Me miras a los ojos, con una mezcla de ternura y pasión, recordándome por qué estaba en tu cama y por qué volvería estar en ella durante días, meses, años, siglos. 

Comenzamos a jugar y beso tu pecho, arrastro mis labios despacio por tu cuello y tus dedos se pierden entre mi pelo. Una de mis manos baja, despacio, disfrutando de cada milímetro de tu piel, hacia el lugar oculto, más abajo incluso que el ombligo, donde nacen tus largas piernas, mientras sigo besando tu cuello. Al explorar esa zona con la yema de mis dedos, tu respiración se entrecorta, escuchando un leve sonido escapar de tu boca. Te muerdes el labio para contener los ruidos y me agarras el pelo con más fuerza. 

Cambio la posición y paso a estar en horizontal sobre ti, notando en todo mi cuerpo que el tuyo arde. Comienzo a bajar mi cabeza y dejo de estar frente a frente contigo, pasando mi lengua por todo tu tronco y notando cómo te agarras con fuerza a las sábanas y tu cuerpo se tensa. Llego la zona donde antes exploraron mis dedos, por debajo del ombligo, y tus piernas se mueven inevitablemente, acompañando a una serie de sonidos placenteros que provienen de tus labios. Me agarras con aún más fuerza el pelo, pero no por ello salgo de entre tus piernas (las cuales me parecen infinitas). 

Vuelvo a subir y a pegarme a tu cuerpo, me abrazas, te acercas a mi oído, y de forma entrecortada, me pides que te lo haga. Respiro con tranquilidad, te beso y obedezco las órdenes. 

domingo, 29 de septiembre de 2013

Radiactiva.

Otra vez estamos aquí, tumbados sobre mi colchón.
El iris de tus ojos, radiantes, de un color radioactivo, provocan que el plutonio que recorre mis venas comience a reaccionar ante ellos.
El campo electromagnético que emana todo tu cuerpo atrae inevitablemente a mi piel contra la tuya. Quiero tomar la iniciativa, levantarme, pero posas tu mano sobre mi pecho y me devuelves a mi posición horizontal. Tus labios dibujan una pequeña y pícara sonrisa, que aumentan la temperatura de la habitación y expulsan el invierno nuclear que no quería despegarse de cada uno de mis átomos. Saltan las alarmas, y pasamos a romper las reglas, jugar con lo prohibido. Nuestras bocas se encuentran, desencadenando explosiones nucleares a nuestro alrededor, destruyendo el mundo que nos rodea, haciendo, que por unos instantes, seamos los únicos supervivientes del mundo. El gas tóxico que expiras purifica mis pulmones. Juegas a morderme otra vez el labio inferior y todos los átomos que me forman comienzan a vibrar con violencia. Lo noto, lo notas.

Te vuelves a acercar a mí, para recitarme al oído palabras que causan fusión en nuestros núcleos, que nos funden para convertirnos en una sola persona, en una sola materia, por unos instantes. Nos separamos, repetimos, nos separamos y volvemos a repetir. El campo gravitatorio que provocamos altera la continuidad del espacio-tiempo, haciendo que las horas pasen como segundos. Comienza a amanecer y te encuentro recostada sobre mi pecho, mientras la radiactividad deja de hacer efecto en el resto del mundo, al menos, por esta noche.

lunes, 10 de junio de 2013

Vacío

Con tu seco "adiós" te llevaste gran parte de mi.

Te llevaste los recuerdos, de los que ya solo me quedan lagunas. Te llevaste los olores con los que se quedaban impregnadas mis sábanas, ahora solo huelen a suavizante y polvo.

Te llevaste mis abrazos, los que ahora soy incapaz de regalar a nadie. Te llevaste mis carcajadas. Te llevaste la "sonrisa de tonto" que habitaba en mi cara todos los días de la semana.

Te llevaste el tacto de mis labios, que ya no sienten nada al contacto con otros. Te llevaste las canciones de los artistas de la calle la primera noche que nos rompimos.

Te llevaste los latidos de mi corazón y el enrojecimiento de mis mejillas ante palabras bonitas que ahora suenan a vacías.

¿Qué me queda entonces si con tus maletas te llevaste mi alma?

sábado, 4 de mayo de 2013

La chica que silbaba sus canciones favoritas.

Cruzaba con sus pequeños auriculares la calzada. El paso de peatones estaba repleto de gente gris pero, en cambio, ella era puro color. Los demás observaban envidiosos sus agraciados pasos que rozaban una tímida representación de baile. Sus largos cabellos rubios ondulados acompañaban el bailoteo del viento, arrastrando su olor a lavanda con él.

Mucha gente dice conocerla. Dicen, que es rara, que siempre sonríe, que nada le sienta mal, que parece que su cabeza esté constantemente en otro alejado planeta. ¿En qué momento ser feliz se convirtió en algo que pudiese desencadenar ese triste recelo?

Mucha gente dice querer conocerla. Sus ojos color cian no dejan indiferente a nadie. Transmiten belleza, esperanza, transmiten las cosas que uno cree no poseer y que desea, por lo tanto, obtener.

A la chica de los labios rojos sonrientes nunca le faltaron pretendientes, pero ella no quería rellenar la vida de nadie, ella quería poder complementarse con otra persona, quería que sus manías y sueños se compartiesen con la de esa otra persona. Algo mutuo. Pero ahora mismo, ella no pensaba en ello.

Subió a saltos las escaleras hacia su apartamento, abrió la puerta y colgó la chaqueta que también estaba impregnada por su perfume favorito.

- ¿Ya has vuelto? - preguntó una voz desde el final del pasillo.
- Por supuesto, no te iba a dejar sola tanto tiempo - respondió ella sin dejar de mostrar ese toque único de inocente alegría que dejaba escapar su voz. - Te he traído tus medicinas.

Desde hace 4 años, cuidaba de su hermana, la cual no podía salir de aquellas cuatro paredes, la cual hace tiempo perdió las fuerzas para poder dibujar una sonrisa con sus labios. Pero, la chica que siempre silbaba sus canciones favoritas, le prometió aquel día en el hospital que ella sonreiría por las dos, que no dejaría que nada rompiese su sonrisa, ya que tenía que cuidar también de la de su hermana para cuando pudiese hacerlo por ella misma.


miércoles, 20 de febrero de 2013

Perdido

Me he perdido. Normalmente las personas perdemos objetos, perdemos recuerdos, e incluso decimos perder a otras personas (como si en algún momento las hubiésemos poseído...somos unos ilusos embriagados por el egocentrismo), pero yo hoy me he dado cuenta de que me he perdido a mí mismo. No es tan raro, ¿no? Los horarios, las prisas, las obligaciones...todo eso hace que nuestra cabeza trabaje más en lo externo que en lo interno, centrándose en los "qué dirán", o los "qué pasará". "Ellos", ese es el núcleo del sujeto de nuestras preocupaciones, de nuestra vida, pero, ¿dónde quedamos nosotros?

En el momento que nos paramos a pensar, en el que las cosas se calman, nos damos cuenta de que estamos en mitad del camino, sin saber qué dirección es la que continúa y cual la que retrocede (de ahí que cometamos una y otra vez los mismo errores).

Por eso, hoy me he dado cuenta de que me he perdido. He perdido mis sueños, he perdido mi tiempo, he perdido mis ilusiones. ¿Cuál era mi objetivo en esta vida? ¿Trabajar? ¿Dinero? ¿El amor? ¿Es eso realmente lo que busco o es eso lo que ellos buscan?

jueves, 17 de enero de 2013

Gravedad

Tira una pelota hacia el cielo. ¿Qué ocurre con ella? Tanto aquí, como en la otra parte del mundo, caerá contra el suelo, atraída hacia el centro de la Tierra a través de la fuerza de la gravedad. Pero, ¿es la gravedad causante únicamente de atraer objetos? ¿Y si pudiese atraer también situaciones? Piénsalo, no es tan descabellado. Una acción, un suceso siempre está condicionado por algo material, incluso el amor. El amor hacia una persona. Una persona, un humano. 5 litros de sangre, 206 huesos, 21 órganos, una infinidad de neuronas y células. Somos materia. La gravedad atrae materia.

Siguiendo los pasos de la física, los planetas con mayor tamaño atrae más hacia él. Sustituyamos. Una acción más importante atraerá hacia ella más que si se tratase de algo insignificante. No es lo mismo cambiar de calzado que tomar la decisión de cambiar de ciudad. Una de ellas atraerá distintas situaciones, más importantes que el cambio de una prenda de ropa.

Todas nuestras decisiones, todas nuestras acciones poseen esa cualidad, la de la gravedad. Intenta que el peso de tus decisiones atraiga hacia ti todo aquello que realmente quieres atraer.

No permitas que un asteroide atraído por ella acabe con tu mundo.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Tempestad y Calma.

Tempestad nació un frío Diciembre. Con esto solían bromear sus conocidos. Decían que al haber nacido durante aquel agitado día (de ahí surgió su nombre) su alma estaba congelada. Con una sonrisa, que más que sonrisa se acercaba a mueca, realizaba sus acciones diarias, como si estas le pesaran, le aburrieran. Tempestad no solía salir como los demás chicos de su edad, no encontraba sentido a aquellas acciones, prefería estar solo, en su habitación, viajando entre papel y tinta. "¿Pero tienes alma dentro de ese cuerpo de hojalata?" solían preguntarle, pero él contestaba con una forzada carcajada, acompañada de esa pequeña curvatura de sus labios. Un buen día, entró en su casa, era pleno Diciembre (nevaba) y se encontró el salón lleno de globos y varias personas gritando un "¡Felicidades!" al unísono. Más que alegría, Tempestad se sobresaltó, y volvió a contestar de su método habitual (sonrisa-mueca). Ese día había algo distinto. Se fijó en una chica que conocía solo a través de miradas discretas por las calles de su pequeño pueblo.

Ella era Calma.

Calma era una chica enérgica, todo le entusiasmaba, rozaba la hiperactividad y siempre estaba sonriendo, con un brillo único en sus ojos. Obviamente, no hacía honor a su nombre. Era la envidia de ellas y el deseo de ellos, no pasaba desapercibida. Para lograr apaciguar toda la vitalidad que recorría sus venas, trabajaba y estudiaba en varios sitios a la vez. Nació bajo la influencia de Aries, pudiendo esto tener algo que ver en su extrovertido carácter.

Tempestad se sentó en el sofá al lado de ella y le ofreció coger de su plato de patatas fritas.

Así pasaron el resto de la noche, uno al lado del otro, bailando, riendo, comiendo, mirando las estrellas cuando todos se marcharon ya. Sí, Tempestad bailó y bromeó mientras estaba al lado de ella, y Calma fue capaz de estar más de una hora sentada charlando. Increíble como la simple influencia de uno podía equilibrar al otro.

Al final de la noche, Tempestad se acercó a ella despacio, disfrutando del aire que Calma expiraba. Esta vez no fue ella la que tomó las riendas en algo, solo dejó que él sellase sus labios contra los suyos.

Tempestad logró despertar la Calma que había dentro de él.
Calma logró despertar la Tempestad que había dentro de ella.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Búscame en la nieve


Dicen que el frío tiene la pequeña cualidad de poder parar el tiempo. Espero que así sea, porque quiero que nuestro abrazo se haga eterno. Quiero que tus labios se queden pegados contra los míos en un beso que dure miles de años. Pero para eso, primero tienes que llegar aquí. ¿Cuántos años han pasado ya de aquello? No lo recuerdo. Sólo sé que te pedí que cada día uno de Noviembre me esperases en el mismo punto donde partí en aquel tren de tu lado, en ese banco de piedra, lleno de nieve, donde te rodeé con mis brazos mientras nos rompíamos entre lágrimas.

A mi lado se ha sentado una pareja de personas mayores. Se les ve muy felices. ¿Será una proyección de nuestro futuro? Un futuro en el que apareces aquí, y cada día como hoy venimos a recordar como este mágico lugar nos volvió a unir. ¿O quizás pertenecen a una realidad en la que yo no estoy? ¿Quizás en mi universo nunca vendrás?

¿Estás viva? ¿Te has olvidado de mí? Éramos sólo dos adolescentes cuando hicimos la promesa, ¿todavía no has podido venir?

Supongo que puedo esperar un año más.

A lo lejos, entre la nieve, veo como una chica se acerca, un poco despistada, observando a todas las personas que se encuentran sentadas en los bancos de piedra.

Nuestras miradas se cruzan, se reconocen, y el frío deja de importar, un agradable calor invade mi cuerpo.
No hicieron falta palabras para saber nombres, no hicieron falta para abrazarnos y volver a rompernos entre lágrimas, pero con la diferencia de que llorábamos por ser (al fin) felices.

domingo, 21 de octubre de 2012

Quizás

Quizás no debí comenzar la conversación con aquellas palabras.
Quizás no debí terminarla con aquel portazo.
Quizás una llamada habría arreglado las cosas.
Quizás mi silencio habría sido mejor si fuese provocado por el sello de sus labios. 
Quizás el orgullo no tendría que haber conquistado mi alma.
Quizás debí pedir perdón.
Quizás lo correcto no era pasar las noches con rostros desconocidos entre mis sábanas.
Quizás el "sí, quiero" tendría que haber sido para ti.
Quizás eras tú a quien tendría que destinar mi rutina y mis buenos días.

Quizás ya es tarde. Mi piel se encuentra agrietada, testigo de todos los minutos y segundos que han bombardeado mi alma, arrepintiéndome de mis pasos, de los senderos que decidí recorrer, de la vida de impulsos y de decenas de distintos olores en mi cuerpo, buscando uno que sustituyese el tuyo. Quizás ya es tarde. Mis ojos ya han visto tanto que han perdido el brillo de cuando mi pelo se encontraba nevado. Ya han visto tanto, que soy capaz de percibir a mi lado, a cada paso que doy, cómo una sombra negra, negra como el vacío más profundo, me sigue de cerca, me sonríe cuando la miro de reojo.

Sabe que ya soy suyo.

Quizás, solo quizás, un último beso de sus labios pueda salvarme la vida.

sábado, 13 de octubre de 2012

Hágase la oscuridad

Otra vez esa maldita bombilla se ha apagado. Me resulta curioso, pero falla siempre que tú no estás. Mientras permanecemos entre estas cuatro paredes, dejando que los labios dibujen rutas sobre nuestra piel, brilla como nunca, disipando todas las tinieblas que envuelven la habitación, que la llenan, que la inundan. Parece como si, de alguna manera, esa pequeña esfera de vidrio estuviese conectada con mis sentimientos. Estando tú a mi lado, ninguna oscuridad puede conmigo, todo está claro, nada me da miedo. Pero, cuando te montas en aquel autobús (o soy yo el que se aleja), a cada metro que nuestras almas se separan, me voy disipando poco a poco, encontrándome con esa maldita bombilla apagada al llegar a casa.

viernes, 5 de octubre de 2012

autoVendetta

Tendemos a no aceptar nuestros errores, ondeando, blandiendo, la bandera cuyo escudo es la venganza. Nuestro propio ego nos impide aceptar nuestra culpa, quebrándonos en busca de un culpable, pero esa otra persona no existe, no, hemos aportado nuestro propio grano de arena en esta autoderrota. A veces tendremos muy claro quien (aparentemente) ha trastocado el curso de nuestra realidad, de nuestra vida. Llegaremos a sentir cómo el mismo calor que recorría nuestro cuerpo con su (o sus) mirada (o miradas), con recibir su atención, con sus risotadas, se convierte en algo que empieza a arder por dentro. El cariño se convierte en odio. Pero, nuevamente, ¿por qué empecinarnos en centrar toda esa energía negativa solamente en otro ser cuándo hemos tenido parte de culpa?

Está claro que a nadie le gusta tirar piedras en su propio tejado, está claro que es más fácil odiar que aceptar los propios errores.


sábado, 8 de septiembre de 2012

Eterna ciklo de rompita koro

A finales de Enero, nuestras miradas se cruzaron en aquella cafetería.
En Febrero me atreví a besar tus rojos labios. 
Marzo y Abril observaron como no salíamos de entre las sábanas.
Mayo fue testigo de nuestra primera discusión,
Junio nos hizo volver a abrazarnos y a susurrarnos que jamás volveríamos a dañarnos.
Intentamos poner parches sobre las grietas de nuestro castillo (aunque de arena) mientras los días de Julio morían a gran velocidad.
Tus dudas brotaron en silencio durante aquella puesta de Sol en Agosto.
Septiembre arrancó de mi garganta aquella triste pregunta, a la que tu mentiste sin mirarme a los ojos.
Me engañé a mi mismo con cada beso de "buenos días" forzado, cuando Octubre se nos escapaba de entre los dedos.
El calendario que arrancaste de la pared en nuestra última (ojalá no hubiese sido la última) discusión tenía tachados solo un par de días de Noviembre.
Tu olor desapareció de mi almohada para siempre durante los últimos momentos de Diciembre.

A finales de Enero, nuestras miradas se cruzaron en aquella cafetería.

viernes, 31 de agosto de 2012

(no) estoy.

Cuando vuelvas a pasear por aquella playa, yo no estaré. Te quedarás en el sofá (nuestro sofá) hasta largas horas de la madrugada, pero yo no estaré. Escucharás esa canción que solía canturrear en múltiples ocasiones, pero yo no estaré. Volverás del trabajo, harás la cena. Cena para una sola persona, por que yo no estaré. Necesitarás un abrazo, caer sobre unos cálidos brazos, pero yo no estaré. Buscarás, entre las sábanas, mi cuerpo, mi olor, pero yo no estaré. No estaré y estaré, por que aunque tú no me veas, aunque te sientas sola, aunque creas que ya no existo, estaré. Desde donde quiera que sea este lugar, cuidaré de ti, porque hay vínculos que ni la muerte puede cortar. Prometí cuidarte y velar por ti siempre, y ahora, aunque no esté, estoy.

Pequeño gran rincón en la Vía Láctea

El cielo de la ciudad envidia al de la montaña. Está contaminado por las luces que nunca duermen, que no dejan mostrar su gran belleza. A veces necesitamos escapar de ese cielo opaco que nos envuelve, subir muy alto, muy alto, hasta donde los focos de la selva artificial no alcancen, y contemplar ese gran espectáculo. Cada estrella que vemos, puede que ya no exista, su luz nos llega desde hace miles de años, seguramente ya se habrá suicidado en una gran supernova y quedar solo restos de lo que una vez fue. Es, en este momento, cuando nos sentimos realmente insignificantes.

Caída libre

Acostumbramos demasiado a generar unas expectativas demasiado altas de lo que acaba siendo la realidad. Presumimos de no tener miedo a las alturas, escalando esa montaña demasiado alta sin ningún tipo de protección, consiguiendo solo con es
to que el contacto con el suelo sea aún más doloroso. Acostumbramos también a echarle la culpa de esto a otras personas, a las situaciones, a algún tipo de ente inexistente que creamos para no acribillarnos a nosotros mismos, pero es así, nosotros tenemos la culpa de sufrir cuando las cosas salen mal. Pero, ¿acaso es esto inevitable? ¿existe alguien capaz de no sentir esa pequeña emoción o confiar totalmente en que algo pase de forma completamente positiva y sin sacrificio?

Envidio a esa persona.